Einstein y la bomba atómica

5 Nov

Coincidiendo con el mes del 100 aniversario de la publicación de la Teoría General de la Relatividad, el mayor constructo intelectual del ser humano realizado por un único individuo, voy a escribir unas líneas para aclarar a qué me refería en la entrada ya antediluviana La solución, ¡tengo la solución! cuando afirmaba que Einstein apenas tuvo que ver con la Bomba Atómica, en contra de la opinión generalmente extendida.

En 1905, cuando este tipo era un paria al que ninguna universidad quería como profesor (porque a todo el mundo replicaba y no ofrecía el “respeto debido” a las autoridades académicas), razonando sobre simples observadores en movimiento lanzando pulsos de luz y cosas así de abstractas, revolucionó la física conocida hasta entonces sin que nadie (casi nadie) se diera por enterado. Entre las fórmulas valiosísimas que dedujo, estaba la archiconocida E=mc² que todo el mundo relaciona con la bomba nuclear. Sin embargo, esta fórmula nada tenía que ver con la física nuclear (porque estaba por aquel entonces en pañales empezado a desarrollarse y por obra de otros científicos como Curie, …, no por Einstein, que se centraba en otras áreas). Dedujo fórmulas de mucho más valor durante ese año pero la propaganda nos ha metido en la cabeza una sola.

Einstein siguió siendo un paria durante varios años más, hasta que en 1915 publicó su Teoría General de la Relatividad quedando exhausto y cayendo enfermo durante meses justo a continuación debido al agotamiento físico y mental al que había tenido que someterse para alumbrar semejante prodigio humano. Pero aun así, la comunidad científica, que ya le tenía en gran estima, no acababa de encumbrarle ya que no todos veían con buenos ojos (o directamente no entendían) una revolución intelectual tan profunda. Sólo cuando en 1919 se confirmó la desviación de la luz en la cantidad que había predicho Einstein (diferente de la que predecía la teoría newtoniana), su fama adquirió proporciones adecuadas al tamaño del mérito de este gran personaje de la historia: dimensiones colosales.

En 1939, ya viviendo desde 1933 en EEUU aunque aun sin la nacionalidad concedida, que hubo de esperar a 1940, le llegaron noticias de colegas y amigos franceses y alemanes de que se podía lograr una reacción nuclear en cadena con uranio y que Alemania había detenido la exportación de este mineral desde sus minas, lo cual interpretaban algunos como que Alemania podía estar intentando fabricar dicho artefacto. La realidad es que los científicos nazis estaban muy despistados en esto, pero desde el otro lado no podía saberse con exactitud.
Usando su celebridad y capacidad de influencia (desde 1919 era una figura mundialmente conocida como ya se ha dicho), dirigió una carta (que redactaron entre varios colegas pero que firmó él pues era la estrella mediática) al entonces presidente de los EEUU, Roosevelt, para que acelerase el estudio para fabricar una bomba de esas características porque si Alemania dispusiera de ella antes, no habría forma posible de vencerla. A esa carta no se respondió nunca y Einstein no volvió a saber nada del asunto hasta 1945.

La realidad es que todo apunta a que el Proyecto Manhattan se inició gracias a esta carta, y de hecho en 1942 el proyecto Manhattan había logrado la primera reacción nuclear en cadena con Uranio, pero a Einstein le excluyeron completamente del asunto porque se le consideraba un “comunista peligroso” y para más INRI, alemán de nacimiento. Era evidente que no era un tipo de fiar para la maquinaria bélica estadounidense.

Cuando se cometió la atrocidad de tirar las bombas sobre civiles sabiendo el destrozo salvaje que provocarían, la guerra estaba finalizada de facto. Recordar que la toma de Berlín se produjo en mayo de 1945, tras el suicidio de Hitler en su búnker, quedando entonces sólo el frente del Pacífico. Con un lanzamiento de demostración en una zona poco habitada o en una zona militar, el efecto habría sido exactamente el mismo, suponiendo que fuera ese el motivo principal de la rendición de Japón. Numerosos estudiosos del asunto sostienen que habría bastado la entrada de Rusia en ese frente (lo cual era inminente en Agosto del mismo 1945) para producir la rendición automática de Japón, pero no dio tiempo a saberlo porque Truman (que fue quien tomó la decisión final en el mando aliado) quiso dar un mensaje a los rusos de quién había ganado la guerra, aunque ello se llevara cientos de miles de vida de forma instantánea y muchos cientos de miles más de forma lenta pero inexorable durante las décadas siguientes. No es una teoría que yo me haya inventado sino que hay gente mucho más informada que yo que la sostiene.

Muchas corrientes de opinión interna americanas veían en haber arrojado las bombas sobre ciudades muy pobladas un acto desmedido, cruento e innecesario. El estado mayor norteamericano no quería explicar las verdaderas razones de semejante decisión (que nunca antes ni después había tomado nadie) como que se deseaba hacer pruebas con seres humanos reales sobre sus efectos (por eso se eligieron destinos en los que no hubiera nubes que impidiesen la filmación de la hazaña, lo cual libró a Tokio de ser destino del experimento) o que era el primer ataque estadounidense hacia la URSS en la recientemente iniciada guerra fría (desde Abril como ya he explicado antes, que fue cuando la II Guerra Mundial apuntó definitivamente a su fin).

Durante muchos años después se estuvo negando que hubiera radiaciones en Japón que iban a dejar secuelas en su población durante décadas, y tratando de justificar la decisión con hipotético ahorro de vidas de soldados aliados, pero como la trola era demasiado grande incluso para una población eufórica por la reciente victoria, queridos amiguitos, tomaron otra decisión radical: hay que echarle la culpa al alemán. Einstein, para más señas.

Ya está!!! Le ponemos un “E=mc²” enorme al portaaviones USS Enterprise (1957) en medio de la cubierta y así despistamos al personal más aún para que se traguen la trola hasta el fondo de sus cerebritos. Y por supuesto, prohibido hacer cualquier película de la factoría de propaganda llamada Hollywood sobre la bomba o sobre Einstein, que se vería la trola a la legua.

¿Es extraño que un personaje tan influyente, con una vida tan agitada, con tanto tirón mediático, …, o un hecho tan convulso como la bomba atómica, nunca hayan despertado el apetito de Hollywood? Pues no. Y es que hay cosas que ni Hollywood se atreve a hacer. Los italianos se atrevieron a hacer una de Einstein que podéis ver aquí. Me ahorro el comentario sobre ella.

Así, con estas sencillas artes, han logrado que todo el mundo asocie a Einstein con las atrocidades de Hiroshima y Nagasaki sacudiéndose las pulgas de las bombas de camino. Preguntad a cualquier persona que tengáis cerca si la bomba atómica la “inventó” Einstein y veréis cuál es su respuesta.

Cuando Einstein vio las proporciones de la tragedia, comprendió de inmediato que aquello había nacido de aquella carta que él firmo, lo cual le sumió en un profundo desasosiego. Lo que no sabía era que le iban a colgar el mochuelo.

Incluso aun hoy persisten los efectos letales de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki arrojadas en 1945.

Hasta otra.

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