Archivo | Metafísica RSS feed for this section

Humanismo ateo

30 Jun

La religión forma parte de lo más íntimo de nuestro ser, y no es posible responder a día de hoy si la más antigua de las profesiones es la de prostituta o la de cura, pues ambas surgen de una necesidad irrefrenable dentro del espíritu del ser humano de trascender al tiempo. El tiempo es la madre de todo, el punto en que todas las razones confluyen, el motivo de todos los actos humanos. Más que el tiempo, la incapacidad de frenar el inexorable fluir del tiempo, esa máquina invisible que percibimos pero que nadie sabe decir de forma precisa qué es.

El caso es que el ser humano siempre ha necesitado explicar por qué las cosas ocurren fuera de su control o de su comprensión. En nuestros tiempos, estos argumentos pueden parecer un poco banales pues tenemos algo de control sobre nuestro destino y de conocimiento de nuestro entorno, pero en tiempos pasados, en los que cada día la muerte acechaba en forma de hambre, enfermedad, ataque de un animal o de una tribu rival, frío, intoxicación, …, de forma traumática y sin explicación clara, la idea de tener un Dios que decidía sobre todas esas cosas era prácticamente imprescindible. Es decir, que si Dios no existiese (como ente con voluntad y conocimiento externo al propio ser humano), habría que inventarlo (que es lo defiendo que la raza humana ha hecho) para poder darle alguna coherencia a la realidad amenazante que nos rodea.

Así, Dios proporciona una explicación completa y coherente al devenir de los acontecimientos, incluido el origen mismo del mundo. Estos conceptos de “creación” y “destino” son elementos centrales de cualquier religión que haya surgido en todos los lugares de la Tierra y en todas las épocas de la historia humana, no siendo patrimonio exclusivo de las religiones modernas, sino de cualquier culto, por primitivo que sea. Es una necesidad surgida como exclusiva de nuestra especie. Si algo define a la especie humana es la religión, la consciencia de la muerte como inevitable fin de la vida. De hecho, si quisiéramos identificar al ser humano completo del todavía en formación, lo auténticamente determinante vuelve a ser la aceptación de la propia muerte como postre de la vida de uno mismo. Sin aceptar y digerir esta realidad, no somos más que niños.

Vista la necesidad de Dios, su irremediable existencia para el ser humano, no podemos sino sospechar que evidentemente no existe tal cual necesitamos que exista. Y digo “sospechar” porque nunca podrá demostrarse que Dios no exista, de ahí el pertinaz argumento de la “fe”, el cual proporciona un argumento infalible frente a cualquier argumentación. La existencia de Dios podría demostrarse si fuera cierta, pero es IMPOSIBLE demostrar su inexistencia si efectivamente no existiera, ya que que la inexistencia sólo se puede corroborar demostrando la existencia de algo incompatible con lo primero. Es simple lógica. La demostración siempre es positiva, nunca negativa. Si Dios no existe, nunca podrá demostrarse, luego la real y actual no demostración de su existencia es compatible con cualquier hipótesis.

Este análisis lógico no descarta la existencia de Dios, pero a medida que la ciencia avanza, el conflicto se hace más y más evidente. A pesar de que la actual teoría del Big Bang es lo más parecido a la creación del Génesis, y además fue desarrollada principalmente por un clérigo, George Lemaitre, sin intencionalidad espiritual alguna, genera, cuando menos, muchas contradicciones.

Algunas personas sostienen que ciencia y religión son 2 cosas completamente diferentes, no debiendo entrar la una en la otra, lo cual me parece un tremendo error fruto, de nuevo, de querer seguir manteniendo la anestésica ficción del Dios protector. Ciencia y religión se preguntan lo mismo por caminos diferentes. La religión va a la respuesta principal, y respondiéndola (Dios existe) empieza a interpretar cada vez cosas más pequeñas (Dios existe y creó el Universo; creó al hombre; creó los animales; creó al hombre como para ser el señor de las bestias; en cuaresma no comas carne; ve a la iglesia los domingos y fiestas de guardar; …). Sin embargo la ciencia va al revés, explicando las cosas pequeñas (v=e/t; la Tierra es redonda; el sol gira en torno a la tierra; la tierra gira en torno al sol; ninguna gira en torno a ninguna pues es una cuestión de sistema de referencia; F=m·a; evolución de las especies; la gravitación, física cuántica; …) y actualmente está llegando a las cosas grandes (cosmología). Entran en conflicto desde el principio, pero cada vez de forma más evidente. Eso de que son cosas diferentes, es falso, en mi modesta opinión.

El fin último de la ciencia es el principio de la religión, y ambas entán en la misma carretera pero en sentidos contrarios.

Este tipo de pensamiento está muy bien reflejado en un magnífico vídeo de 15 minutos creado por  Phil-Hell-Eenz titulado “Science saved my soul” que puedes ver subtitulado en español, o incluso directamente leer su texto completo en el blog Darwein.org

En la Sociedad actual moderna, excluyendo de este concepto a las fallidas sociedades islámicas, seguir creyendo en Dios es irracional, pero como es tan difícil vivir sin Dios, se ha alcanzado una solución hipócrita que consiste en vivir sin creer en Dios, pero repetirnos una y otra vez que sí existe. Es cómo so una chica fea que no soportar este hecho, llegase a la conclusión de que lo mejor es creerse guapa para no sufrir y para eso simplemente rompiese todos los espejos. Nunca nadie podría convencerla de la falsedad de su ensoñación.
Es tan difícil seguir creyendo en Dios, que realmente nadie o casi nadie lo hace verdaderamente, a pesar de lo políticamente incorrecto de la anterior afirmación, por mucho que parezca lo contrario. Sólo el 5 % de la Humanidad (los que desprecian su propia vida y nadan voluntariamente en la pobreza absoluta) cree auténticamente en un Dios sobrenatural, uno que nos observa y nos juzga, y que nos otorgará la vida tras la muerte, aunque el 99 % de la Tierra y su población viva bajo el culto de alguna religión. Si real y profundamente creyeras en Dios, ¿por qué te preocupas tanto por tu salud o tu bienestar?  Lo que estaría por venir siempre será mucho mejor que cualquier cosa que consiguieras en la vida terrenal.

Así pues, la especie humana es atea de forma masiva, pero como no aceptamos nuestro ateísmo, nos consolamos a través de los ritos (numerosos e imbricados en nuestra cultura y vida diaria), tratando de calmar la ansiedad que nos provoca la terrible idea de que no exista Dios. La idea de que nadie nos tutela, y que somos mortales nos perturba de tal forma, que necesitamos creer en Dios, y para eso lo hemos creado.

He aquí mi alegato: La conclusión que nos martiriza es que sin Dios, nada tiene sentido, lo cual es completamente falso. Debemos de ser conscientes del gran valor que tiene el mundo y nosotros con él, sin necesidad de Dios. Si reflexionamos en profundidad, vemos que cada ser vivo atesora una gran cantidad de información en su cuerpo físico y en sus genes (que lo utilizan como vehículo desechable para perdurar en el tiempo todo lo que pueden). Cada ser vivo o muerto es fruto de una historia de millones de años y su valor es indudable sin necesidad de que haya una voluntad superior que lo haya decidido así. Aunque nos parezca que sin la voluntad de un Dios que nos haya creado, nuestra existencia se reduzca a una simple casualidad, es una sensación falsa derivada de nuestra limitadísima existencia. Abarcamos a lo más un siglo de existencia, lo cual es un simple fento segundo en los tiempos que maneja la naturaleza. Tanto es así, que la CASUALIDAD no existe en cosmología y evolución. La probabilidad se transforma en certeza cuando se aplican unos periodos temporales geológico-cósmicos tan enormemente incomprensibles como los que maneja la naturaleza.

Así, es totalmente falso que el ateísmo traiga consigo la amoralidad, la falta de criterios de convivencia. Las normas morales auténticas no las dicta ninguna religión sino la propia sociedad como forma de organización que aspira a permanecer, a pervivir. Por ejemplo, el incesto o el asesinato o el robo, no son más que conductas que vistas desde el individuo no tienen por qué ser malas, pero vistas desde la sociedad, es evidente que ponen en peligro la convivencia, y por tanto del colectivo, y no del individuo aislado.

Es pues la moral antagónica al egoísmo, en el seno de una religión o no, por mucho que se intente demonizar al “infiel” y patrimonializar la moralidad por parte de las iglesias extendidas por el planeta. Es precisamente este detalle el que provoca actitudes tan intolerantes de los falsos creyentes contra los no creyentes confesos: los creen bárbaros sin moral alguna.

Como conclusión, es la Humanidad lo único que nos trasciende como individuos, a través de nuestra descendencia, sus conocimientos, la cultura, las ciencias, …, y no es todo ello algo desdeñable, ni mucho menos. Sin nosotros, la Humanidad no existe. Somos su soporte desechable en reciclaje contínuo, y es esto lo que nos da como individuos el tremendo valor que tenemos. La Humanidad pervive a través de los genes, que no son más que la cristalización física de la información acumulada por nuestra especie a lo largo de millones de años.

Anuncios